En general, tuve mucha propención a medir mal los tiempos de un proyecto y quedar mal con la gente que es "como igual". Por eso hoy me protejo y me rodeo de asistentes o personas maravillosas que tienen mucha mayor vocación para eso; o ya bien aparatos ridículos e indispensables que funjan como capataces electrónicos. Así, las cosas llegan a buen término.